ENRIQUE PICHON
RIVIERE Y EL PSICOANALISIS
Lic. Gladys Adamson
Cuando Enrique Pichon Riviere arriba a la Psicología Social
lo hace siendo psiquiatra, psicoanalista y con un fuerte compromiso
por lo social que lo llevó mas allá de sus lecturas
a la acción de fundar el Partido Socialista en Goya y a
militar en defensa de la Republica española en 1936.
El Psicoanálisis, por lo tanto, forma parte de su Esquema
Referencial cuando él se plantea una traslación al
campo de la Psicología Social. Siendo psiquiatra descubre
que hay otro campo de indagación, comprensión e intervención
de los fenómenos que trascienden lo subjetivo y que son
el hábitat cotidiano de la dimensión humana, que
es lo social, la presencia del otro: el terreno de los vínculos
humanos. E. Pichon Rivière no piensa este campo como psicoanálisis
aplicado, lo plantea como un campo autónomo al que denomina
Psicología Social. De allí el gran desafío
que asume: crear un cuerpo teórico que dé cuenta
y fundamente a esta practica que es pertinente a estructuras que
trascienden lo subjetivo y que develan discursos mas allá del
sujeto.
El contexto de descubrimiento de este campo es el Hospicio de
Las Mercedes (hoy Hospital Borda).
En primer lugar el Hospicio está poblado de pobres. En
la década del 40 los internos corresponden a una franja
de población que no pudo insertarse socialmente como fuerza
laboral. Hay que considerar que la Argentina está en plena época
de expansión industrial producto a que durante la Segunda
guerra mundial (1939-45) no era posible importar productos manufacturados
de Europa, Ser un desocupado en ese momento en un país rico
y en expansión no puede significar mas que producto de un
déficit simbólico que Pichon Rivière denominará perturbación
de una “adaptación activa a la realidad”.
En segundo termino el Hospicio de Las Mercedes estaba poblado
por inmigrantes y por “cabecitas negras”. La Argentina
se distingue en Latinoamérica por su población de
origen europeo. Borges solía bromear “Los argentinos
no descendemos de los indios, descendemos de los barcos”.
Para dar una idea del impacto de los inmigrantes (italianos, españoles,
judíos, sirio-libaneses, ingleses, franceses, alemanes etc.)
y del surgimiento de la cultura de mezcla que caracterizó las
primeras décadas del siglo XX voy a citar un dato estadístico:
en 1914 Buenos Aires tiene 1.576.000 habitantes y en 1936 2.415.000
(1) (1) Beatriz Sarlo: Pág. 18 “Una modernidad periférica:
Buenos Aires 1920 y 1930” Nueva Visión Argentina 1988).
Por otro lado en la década del 40 el proceso de industrialización
argentina produce el mismo efecto que la revolución industrial
europea la emigración interna del campo a las ciudades.
La invasión de población del interior del país
se produce sobre todo en el gran Buenos Aires. Su estética
mas latinoamericana, piel mate, cabello oscuro hace que reciban
el mote de “cabecitas negras” debido a su contraste
con los inmigrantes rubios.
El hecho que el Hospicio estuviera poblado fundamentalmente por
inmigrantes y cabecitas negras ponía en evidencia, para
Pichon Rivière, determinaciones sociales de la psicosis
y la locura como efecto de un quiebre en las estructuras simbólicas
subjetivas de los sujetos sometidos a condiciones de transculturación.
En rigor él percibe un fracaso no solo subjetivo sino un
fracaso del grupo familiar en el procesamiento de las nuevas condiciones
culturales a las que se ve sometida por efecto de la inmigración.
Es el psicoanálisis el que le permite construir otra mirada
como psiquiatra en un momento donde la Psiquiatría, sobre
todo la que está presente en el Hospicio se caracteriza
por su burocracia, autoritarismo y biologismo. Los Psiquiatras
mas prestigiosos de ese momento son racistas.
Arturo Ameghino accede a la titularidad de la Cátedra de
Psiquiatría luego de 1930 (año del golpe de estado
del Gral. Uriburu). Estos son años de Facultad de Pichon
Rivière. El cursa la Facultad de Medicina y la especialización
en Psiquiatría desde 1926 a 1936.
El Dr. Arturo Ameghino sostiene (en “Higiene mental. La acción
del Estado en el mejoramiento de la raza” en Revista Criminología
XXII p. 131) “En nuestro país son tan estrechas las
relaciones entre inmigración y degeneración que cuando
la curva inmigratoria cayo bruscamente de 1914 a 1918, las correspondientes
al delito y a la contravención cayeron tambièn en
perfecto paralelismo con aquella. Este fenómeno reviste
para el asunto discurrido singular valor, porque la delincuencia,
la contravención y la locura pertenecen a la misma familia
y en la mayor parte de sus casos todas son hijas de la degeneración”.
Propende por lo tanto que el Estado asuma la responsabilidad de
segregar todo lo que pueda degenerar a la raza y propende a que
se segregue de la sociedad manteniendo a los “degenerados” internados
y evitar así las “consecuencias de la protodegeneración
de nuestro pueblo” (“El incremento.... p.6) y continua
con su idea que “Cuando mas civilizado sea un país,
menor cantidad de alineados dejara en libertad” ()”Datos
para la profilaxis mental en la Republica Argentina” en Revista
Criminología .... p. 177). A. Ameghino se había formado
en neuropsiquiatría en Francia y fue medico interno del
Hospicio de las Mercedes adscripto a la Cátedra de Psiquiatría
desde 1920 a 1943). En 1934 propone que se construyan asilos públicos
para recluir a los 45.000 oligofrénico que haya en el país
para evitar su potencial transmisión degenerativa” (en
un momento donde la población total de las instituciones
siquiátricas publicas no sobrepasada de 15.000 internos)
(A.Ameghino “Higiene mental. La acción del Estado
en el mejoramiento de la raza” en Revista Criminología
XXII Pág.146).
Es el psicoanálisis, entonces, que le permite pensar fundadamente
a Pichon la locura como perturbación de las estructuras
simbólicas subjetivas o como perturbaciones en la lógica
de los intercambios simbólicos.
Cuando digo psicoanálisis me estoy refiriendo a la teoría
de Sigmund Freud y Melanie Klein.
E. Pichon Rivière como psicoanalista:
Son ya míticos sus relatos de cómo E. Pichon Rivière
descubre el psicoanálisis. Es una historia típicamente
latinoamericana. En Latinoamérica los saberes innovadores,
los descubrimientos no son albergadas por instituciones sino que
circulan en las fisuras o las grietas de las instituciones. E.
Pichon Rivière oye por primera vez el nombre de Sigmund
Freud en boca del Portero del Prostíbulo de Goya (Corrientes)
la ciudad de su infancia. “Canoi” es dueño de
la colección completa de Caras y Caretas y el joven Pichon
Rivière solía encontrarse con él para enterarse
de todos los “chimentos” del pueblo. Canoi, como solían
hacerlo, caminando, le cuanta que “en Viena un medico estaba
haciendo “las mismas cosas que yo hubiera querido hacer”;
se trataba de trabajos de anatomía patológica”.
Un par de años después encuentra detrás de
un escenario, donde ensayaban una obra de teatro, unos cajones
llenos de revistas científicas “me puse a hojearlas
, y me topé, por primera vez, con Freud; allí fue
donde éste me dio su primera lección.” Se trata
de la obra freudiana “Tres ensayos sobre la teoría
sexual” confiesa Pichon Rivière “había
encontrado el camino hacia lo que desde mi infancia pretendía:
saber que hay detrás de lo dicho” (V. Zito Lema “Conversaciones
con E- Pichon Rivière” p.69 y 70 Ediciones Timerman
Bs. As 1976)
El psicoanálisis lo introduce en una lógica de indagación
e interpretación de los hechos y fenómenos humanos (aun los cotidianos)
que lo impacta y ya no habrá de abandonar.
En 1936 recién recibido concursa en el Hospicio de las
Mercedes e ingresa a él. Es interesante como su intervención
no se limita al rol de Psiquiatra clásico. Desde su relato
es posible visualizar como Interviene en toda la Institución
buscando crear una comunidad terapéutica y no solo una intervención
del uno a uno de los pacientes.
Describe así al Hospicio “Cuando entré había
aproxi8madamente 4.500 enfermos, y de ellos (...) mas del 60% estaban
aislados, no eran visitados por nadie, sufrían de abandonismo.
Además, soportaban un trato pésimo”. “La
tarea inmediata fue formar grupos de enfermeros. Me di cuenta de
que el mal trato que recibían los internados provenía
en primera instancia de los enfermeros, que no tenían el
menor conocimiento sobre el asunto, es decir, de los problemas
de la salud y la enfermedad mental. Le propuse al director del
Hospicio – que entonces era el doctor Gonzalo Boch – iniciar
esa tarea, aparentemente exótica. Bosch acepta mi propuesta,
y así me lance a la obra, en un periodo en que era Jefe
de la Sala de Admisión (allí se enfrente por primera
vez el paciente con el hospital). El mayor problema era que, justamente
en ese lugar, los enfermeros no podían dar ningún
tipo de explicación; no sabían que decir a los enfermeros,
a sus familiares... Por ello, mi tarea principal fue darles conocimientos,
para que, a su vez, pudieran transmitirlos. Que pudieran decirles
a los paciente los motivos de sus crisis, como, asimismo, que las
dolencias mentales no son un mal incurable. Que recuperar la salud
dependía del esfuerzo de todos, de las tareas que realizaran
desde el enfermero hasta el jefe de sala. Estaba convencido de
que el punto neurálgico de esa situación tan critica
que enfrentaba en el Hospicio eran los enfermeros. Por eso decidí empezar
con ellos, y así creo una técnica que llamaría
después de “grupos operativos” En esos grupos
discutía con los enfermeros los diferentes casos que había,
se trataba de darles así un panorama general de la psiquiatría.
El aprendizaje de los enfermeros fue sorprendente. Ellos tenían
acumulada gran experiencia, dado que, casi todos habían
trabajado en el Hospicio. Su dificultad era que no podían
conceptuar; entonces, esa experiencia no les servia de nada. Cuando
empezaron a comprender la dinámica de la enfermedad mental
y su origen en la depresión, adquirieron una lucidez mucho
mayor, y a la vez, el trato a los enfermos mejoro. Estos comenzaron
a sentirse bien cuidados, vistos de otra manera; ya no eran “ unos
pobres locos”. “ (V.Z.Lema “Conversaciones....
Pág. 71 y 72)
Esta larga cita la transcribí porque me parece que allí se
visualiza el posicionamiento de Pichon Rivière como profesional
cuando decide intervenir y que lectura psicoanalítica hace
de la problemática de la enfermedad mental.
La lectura del psiquiatra tradicionalmente, incluido Lacan, se
basa en la comprensión de la historia subjetiva del paciente.
Cuando Lacan comprende a la psicosis a partir del “agujero” en
el orden simbólico del enfermo por causa de la forclusión
del “nombre del padre” y por lo tanto la captura del
sujeto en lo imaginario se está basando fundamentalmente
en el discurso del enfermo.
La primera reflexión es en relación a como construye
E. Pichon Rivière su mirada en función diagnostica:
aquí percibimos que no recorta solo significantes subjetivos,
en su lectura de la problemática de la enfermedad mental
no se atiene solo al discurso del paciente sino que incluye en
su diagnostico, a la familia del enfermo, el dispositivo institucional,
a la población manicomial, el efecto perturbador de los
equipos de asistencia etc. No lo plantea explícitamente
pero es evidente que visualiza fundamentalmente vínculos.
Su diagnostico se orienta hacia la existencia o ausencia de redes
vinculares (“no eran visitados por nadie, sufrían
de abandonismo”) y la calidad de esos vínculos (“soportaban
un trato pésimo”). Realiza una lectura de la estructura
simbólica visualizable en los diferentes ámbitos
imbricados en la problemática de la locura. Y con ello releva
una dimensión inconsciente cuyos efectos se develan en silencios
(cosas no dichas, no pensadas, no reflexionadas, sobreentendidas),
ausencias (de familiares), fracturas vinculares (“no podían
dar ningún tipo de explicación”), normativas,
acciones terapéuticas etc. .que podríamos englobar
en la cultura institucional. Un modo de hacer de la institución
que se repite en un acuerdo tácito y que se retiene fuera
de la reflexión. Se halla en acto. O en secuencia de actos.
Es otra manera de leer las formaciones del inconsciente en un campo
que trasciende lo subjetivo. Los efectos sintomáticos en
la institución por carencia de simbolización.
Como se plantea E. Pichon Rivière la intervención:
podríamos decir que la define como cura por simbolización.
Allí donde hay “agujeros” (silencios, vacíos)
institucionales, donde hay repetición sin reflexión,
donde hay sufrimiento, introduce un dispositivo orientado a producir
procesos de simbolización y comprueba que sus efectos son
poderosos (los pacientes “comenzaron a sentirse bien cuidados” “estos
internos mejoraban ostensiblemente su salud mental” “cuando
en los servicios no había mas de uno o dos médicos
yo llegue a tener en el mío veinticinco” etc.). Aquí es
donde aparece esa estructura que constituirá su dispositivo
privilegiado: el grupo operativo. La red vincular grupal parece
como la estructura óptima para acceder a un saber colectivo,
un saber que está en acto en la institución pero
que no se sabe o mas precisamente no se sabe que se sabe (“El
aprendizaje de los enfermeros fue sorprendente. Ellos tenían
acumulada gran experiencia.... Su dificultad era que no podían
conceptualizar, entonces esa experiencia no les servia de nada”).
Así a partir de definir una tarea (“discutía
con los enfermeros los diferentes casos que había...”)
pone a producir a este dispositivo que releva el saber inconsciente
y permite el procesamiento subjetivo necesario para lograr cambios
no solo en el plano del pensamiento sino actitudinales. Su intervención
apunta a lograr una estructura simbólica subjetiva e institucional
mas compleja y a partir de una praxis (la practica hospitalaria
y la reflexión acerca de la misma) interrogar esos mecanismos
repetitivos y ciegos en función de recuperar su direccionalidad.
Sus efectos eróticos no se hacen esperar, se dan en términos
de creación, vitalidad, entusiasmo en los vínculos.
Luego de 15 años de esta practica revolucionaria a E. Pichon
Rivière logran alejarlo del Hospicio de Las Mercedes bajo
la acusación de aprovecharse sexualmente de los adolescentes
para quienes había creado una Sala especial (justamente
para que no quedaran a merced de los abusos de los sicóticos
adultos). Algo de verdad había en ello. Los efectos institucionales
y subjetivos que lograba Pichon Rivière son del terreno
de Eros. Pero solo la mentalidad fascista de los sectores de ultraderecha
de la Alianza Nacionalista podía interpretar el entusiasmo,
la alegría, la solidaridad, la creación de nuevos
vínculos, organizaciones, complejidad del saber (todos producto
de Eros) de ese colectivo social, como perversos.
A modo de conclusión E. Pichon Rivière lleva a cabo
una lectura sicoanalítica de colectivos sociales y lo hace
a partir de materiales heterogéneos que pueden presentarse
en términos de ausencias, de discursos, de normatividades,
de procedimientos y practicas establecidas por una institución,
pero donde el efecto indeseable es siempre un sufrimiento humano.
Es allí donde lleva a cabo su labor interpretativa. Y su
intervención tiene como finalidad complejizar simbólicamente
a los sujetos y a todo el colectivo social objeto de su intervención.
La direccionalidad de su intervención la define como Tarea.
Es el equivalente del concepto de deseo en el psicoanálisis.
En el caso de una Institución se le llama actualmente Misión
u objetivo institucional. Cada sector, departamento o equipo en
la institución debe definir su tarea especifica en relación
al objetivo institucional.
E. Pichon Rivière no habla de discurso pero si menciona
muy habitualmente el termino de lectura: “lectura de los
procesos grupales” “lectura de la realidad” etc.
amplia el sentido del termino discurso. Si bien podría coincidir
con Lacan en la condición ínter subjetiva del lenguaje
y en definir discurso como “lazo social basado en el lenguaje” los
materiales de este discurso, los materiales que componen este discurso
no son solo la palabra de un sujeto, son heterodoxos. Son arquitectónicos,
legales, estéticos, formales, pueden presentarse bajo la
forma de una distribución espacial o una estética
edilicia o en la distribución horaria o en procedimientos
que hacen a los hábitos cotidianos. Pero lo denominamos
discursos porque es posible a partir de todos ellos una lectura
discursiva. El hecho de interpretar, poner en palabras estos materiales
heterogéneos develan un discurso. Además aunque no
se halle explicita en forma de palabras no implica que no correspondan
a un saber colectivo. Un ejemplo de cómo una distribución
edilicia evidencia un saber colectivo lo constituye la aseveración
de M. Foucault que durante el siglo XVIII y XIX se sabia de la
existencia de una sexualidad infantil ¿por qué sino
en los internados de niños se separan los dormitorios de
las niñas y los niños? Si son “angelitos” sin
sexo, por que habría que cuidarlos de los mutuos contactos
eróticos?
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