ACERCA
DEL SUJETO Y LA MODERNIDAD
Lic. Gladys Adamson Voy a partir de una afirmación “fuerte” de
Enrique Pichon Rivière: “no hay nada en el sujeto
que no sea la resultante de la interacción entre individuos,
grupos y clases”. Invito a reflexionar acerca de esta nada. ¿Qué es
esta nada en términos de la Psicología Social? ¿Qué es
esta nada en términos de Enrique Pichon Rivière?
Esta nada es una carencia fundamental del sujeto y es la ausencia
de una completud instintual que lo articule con fijeza al mundo.
Creo que aquí E. Pichon Rivière sitúa su
concepción de Psicología Social y de sujeto claramente
en términos simbólicos. Cuando piensa al sujeto en
términos psicosociales lo hace concibiéndolo en un
campo simbólico.
Peter Berger y Thomas Luckmann en ese espléndido libro
que es “La construcción social de la realidad” también
parten de una aseveración “fuerte”: plantean
que no hay naturaleza humana tal como la concebimos a nivel de
los mamíferos superiores. Sostienen que lo único
que podríamos denominar “naturaleza humana” es “su
apertura al mundo” y la “inespecificidad de sus impulsos”.
Estos autores nos llevan a reflexionar que al nacer el ser humano
se halla carente de todo lo que pueda ser pensado en términos
de un “paquete instintivo” que le dé respuestas
automáticas a los estímulos y que lo adapte a su
medio, a su territorio, como sucede con los animales. La condición
de nacimiento del ser humano es de extrema prematurez, carencia
y de no ser albergado por un “útero social” que
lo “envuelva” no podría completar su madurez,
aún biológica.
La “inespecificidad de los impulsos” Berger y Luckmann
lo ejemplifican con las pulsiones sexuales que solo adquieren cualidad,
ligazón a un objeto especifico como producto de una larga
trayectoria de experiencias vinculares y procesos identificatorios.
Cuando E. Pichon Rivière piensa al sujeto lo hace en términos
de “sistema abierto” (en rigor no hay nada que no sea
pensado por él en término de sistema abierto: el
individuo, los grupos, las instituciones, las sociedades, el ECRO).
En relación al sujeto se trata de un sistema que siempre
funciona un poco mal o más precisamente es un sistema incompleto
que “hace sistema con el mundo”.
Este ser prematuro nace en una trama vincular que, en el mejor
de los casos, se halla aguardando su llegada con un nombre para él
y un cúmulo de expectativas y deseos.
El origen etimológico de la palabra vínculo es “atadura” y
creo que ha sido elegido por E. Pichon Rivière como la condición
material de nuestra existencia.
Los vínculos humanos son las estructuras que permiten y
efectivizan la “atadura” de este ser - que nace abierto
al mundo y con impulsos inespecíficos - a un campo simbólico
que es la cultura en el tiempo histórico social que le ha
tocado vivir.
Vínculo es esa estructura sensible, afectiva, ideativa y
de acción, con la cual en un primer termino nos identificamos.
La identificación no está planteada como identificación
a una imagen sino a una estructura vincular que incluye significaciones
sensibles, afectivas, ideativas y de acción y que luego
colaboramos a reproducir.
Es el vínculo el que intermedia y permite nuestra inserción
al campo simbólico. A ese magma de significaciones que es
la cultura en la cual nacemos.
Así como en un extremo tomamos al ser individualmente y
lo consideramos como sistema abierto al mundo, en el otro extremo,
más macro: el de la sociedad, encontramos lo que C. Castoriadis
llama ¨magma de significaciones sociales¨ que constituyen
los instituidos aceptados por consenso en una cultura dada. Como
lo señala Castoriadis cada sociedad otorga significaciones
específicas: que es ser ciudadano, que es la nación,
el estado, la mercancía, el dinero, el tabú, la virtud,
el pecado, Dios, ser mujer, hombre, el partido etc.
El “magma de significaciones” propia de cada cultura
debe ser considerado también como sistema abierto. Ello
nos sitúa en la problemática de las democracias y
su condición de sociedades de la modernidad.
Las sociedades modernas tal como lo plantea C. Castoriadis logran
una “autonomía por apertura”. Esto es que cualquier
ciudadano o grupo social puede posicionarse críticamente
frente a una significación social determinada y proponer
su modificación. Creo que lo sucedido en Catamarca con las “marchas
del silencio” es un ejemplo de lo arduo pero también
lo posible de un planteo critico de modificación a un cúmulo
de significaciones sociales como el poder, la impunidad, la justicia,
el rol de las instituciones del Estado etc. aún en la subcultura
de una sociedad de provincia.
Es en esta sociedad marcada por el cambio y por la “precariedad
de sentido” que el ser humano debe construir un “aparato
para pensar la realidad” que le permita insertarse y pertenecer
a un campo simbólico propio de su cultura y la subcultura
en la que está inserto.
Este “aparato para pensar” nos permite percibir, distinguir,
sentir, organizar y operar en la realidad. A partir de un largo
proceso de identificaciones con rasgos de las estructuras vinculares
en las cuales estamos inmersos construimos, en el mejor de los
casos este esquema referencial que nos estabiliza una cierta manera
de concebir al mundo que de otra manera emergería en su
condición de desmesura, inabarcabilidad y caos.
Es aquí donde aparece E. Pichon Rivière en su condición
de genio anticipando problemáticas en la década del
sesenta que solo a partir de los 80 aparecen como problemáticas
hegemónicas en el campo intelectual de las Ciencias Sociales.
En los años ‘60 E. Pichon Rivière planteaba
que debemos pensar a la subjetividad en su condición de
moderna y a la sociedad como estructura en permanente cambio y
que tiende a la fragmentación de las significaciones sociales*.
Por ello plantea que así como necesitamos un esquema conceptual,
un sistema de ideas que guíen nuestra acción en el
mundo necesitamos que este sistema de ideas, este aparato para
pensar opere también como un sistema abierto que permita
su modificación. Es la interrelación dialéctica
mutuamente transformante con el medio lo que guiará la ratificación
o rectificación del marco referencial subjetivo. Concretamente
plantea que nuestro esquema referencial debe permanecer flexible
permeable a los cambios. Pero E. Pichon Rivière no concibe
a las modificaciones del esquema referencial como una renuncia
sino como las modificaciones necesarias para una adaptación
activa a la realidad y para que, ante los cambios en el contexto
los deseos y proyectos sigan siendo posibles.
Todo esquema referencial es inevitablemente propio de una cultura
en un momento histórico-social determinado. Somos siempre
emisarios y emergentes de la sociedad que nos vio nacer. Todo esquema
referencial es a la vez producción social y producción
individual. Se construye a través de los vínculos
humanos y logra a su vez que nos constituyamos en subjetividades
que producimos y reproducimos la sociedad en que vivimos.
Enrique Pichon Rivière nos sitúa frente al desafío
de pensarnos como sujetos signados por el cambio insertos en una
sociedad que también se modifica permanentemente y que actualmente
ha sido definida como “contexto de turbulencia” (Mario
Robirosa). Ello nos obliga a pensar al sujeto y a la sociedad en
condiciones de creación y mutabilidad. E. Pichon Rivière
rescata así nuestra condición de creadores. Porque
no concibe ningún sistema como cerrado y producido “para
siempre”, porque todos los sistemas, el sujeto, los grupos,
las instituciones, los marcos teóricos, su ECRO están
abiertos a la producción de las innovaciones a las cuales
inexorablemente nos va a someter la sociedad desde su condición
de modernidad.
Bibliografía:
BERGER, Peter y Thomas Luckmann. La construcción social
de la realidad. Amorrortu editores. Buenos Aires. Argentina 1995
CASTORIADIS, Cornelius. Los dominios del hombre: las encrucijadas
del laberinto. Gedisa editores. España. 1988
PICHON RIVIÈRE, E. El Proceso Grupal. Ed. Nueva Visión,
Buenos Aires.
-----. ECRO. Ediciones Cinco, Buenos Aires. Argentina 1997
ROBIROSA, Mario. La Organización Comunitaria. CENOC, Secretaría
de Desarrollo Social de la Nación, Buenos Aires. 1997
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