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PARA UN VOCABULARIO
PICHONIANO
CONCEPTO DE COMUNICACIÓN
(de 1939 a 1964)
En su artículo «Introducción a la psiquiatría
infantil», producto de los cursos dictados en el Hospicio de
las Mercedes entre los años 1939-1948, E. Pichón Riviére
enuncia ya el concepto de comunicación. Lo hace articulándolo
con el concepto de vínculo. Plantea allí que los trastornos
o perturbaciones en la comunicación originan estructuras (vinculares)
anormales. Dice: “a) trastornos cualitativos: o sea trastornos
en los cuales el vínculo con la madre está distorsionado
cualitativamente. La perturbación de la comunicación
entre madre e hijo va a originar una estructura cualitativamente
anormal”.
En este artículo ya está implícito, o mejor
dicho está explícito aunque no es objeto de una definición,
el concepto de enfermedad como “perturbación en la
comunicación”. Esta definición de enfermedad
emergerá plenamente en la obra de E. Pichón Riviére
en 1960 en «Empleo de Tofranil en Psicoterapia individual
y Grupal».
En 1946, en «Qué es el Psicoanálisis»,
plantea que “todo lo que el enfermo dice resulta una alusión
al conflicto que lo domina y basta, pues, dejar que hable libremente
para tener la posibilidad de comprenderlo”. Además
de la importancia clínica, en términos de la técnica
de asociación libre que este párrafo posee si lo
tomamos en referencia al concepto de comunicación habría
dos sentidos relevantes. Aludir proviene etimológicamente
del latín “ludibrio” derivado de “ludere” (jugar).
En el Diccionario crítico etimológico de J. Corominas
figura: Aludir. 1535? “bromear o juguetear con alguien”.
En el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia
Española una de las acepciones de jugar es arriesgar, aventurar
y jugársela: proceder con lealtad y buena fé. En
el discurso entonces el sujeto juega y se juega en dos sentidos:
1) en el de transparencia de la puesta en acto de la comunicación
donde se “aventura y arriesga” y 2) en el sentido dramático,
de juego como desplazamiento simbólico. Hay un sentido de
desnudez que E. Pichón Riviére le otorga al acto
de la comunicación donde hablar es desplegar una escena
compleja que va mucho más allá de lo que el sujeto
quiere informar.
En este mismo artículo Enrique Pichón Riviére
agrega que la posibilidad de la comunicación con el otro
requiere no contar con “ideas preconcebidas”. Es decir
que los prejuicios, las tipificaciones, impiden la comunicación,
el intercambio de significaciones con el otro. Dice: “Él
[se refiere al terapeuta], por su parte, se limitará a escuchar
en forma imparcial y objetiva, sin ninguna idea preconcebida1,
para comprender qué expresa, a qué alude el paciente
a través de sus asociaciones”. En una enciclopedia
de esa época se señala: Expresión: proviene
del latín “espresio”. Una de sus acepciones
es: “verdad, viveza y energía con que se manifiestan
los afectos en la oración o en la representación
teatral, en la música, en la danza, en la pintura, en la
escultura, etc.” (Enciclopedia Sopena. Barcelona, 1948).
En el diccionario de la Real Academia figura expresar: dar uno
indicio del estado o los movimientos del ánimo por medio
de miradas, actitudes, gestos o cualesquiera otros signos exteriores,
y expresión: cosa que se regala en demostración de
afecto a quien se quiere obsequiar. Encontramos aquí una
concepción dramática (teatral) de la comunicación
y un valor de aquello que el sujeto connota al comunicarse. Dicha
connotación no es voluntaria. Una de las problemáticas
del actor es justamente no saber qué éxito tendrá su
puesta en escena, si logrará transmitir al otro lo que desea
transmitir. Ante el reclamo de un actor que a pesar de su esfuerzo
y su sinceridad no había logrado transmitir lo que se había
propuesto, el famoso director de teatro Lee Strasberg le respondió: “Se
puede ser sinceramente… inauténtico”.
En 1948, en «Aspectos psicosomáticos de la dermatología»,
designa a la piel como “un órgano de expresión”,
y señala que “la significación de la expresión
tiene un valor de demostración dirigida hacia el ambiente
social, solicitando atención del mundo externo”. Toma
de W. T. Sack (1927) la convicción de que “la piel
es un órgano particularmente favorable para los estudios
de la relación psicosomática, sobre todo porque está excluída
de toda participación de inervación voluntaria”,
y más adelante señala que “la piel como órgano
de expresión […] no es vivenciada como un sistema
de capas, tal como es desde el punto de vista histológico,
sino que su vivencia se realiza a través de términos
de situación”. Agrega que la piel, “como línea
de demarcación entre el cuerpo y el ambiente, puede dar
lugar a sensaciones de belleza, repugnancia, pureza o impureza,
palidez, enrojecimiento, suavidad, etc. Esos y otros múltiples
papeles son jugados por la piel en términos de experiencias
individuales”.
En términos de comunicación habría varios
elementos a tener en cuenta: incluye al cuerpo en la situación
de comunicación, pero una comunicación que no puede
ser tomada como intercambio de información sino como “expresión”.
La modalidad de “comunicar” que posee el cuerpo es
a la manera de una “expresión” o “demostración
inconsciente” y “en términos de situación” o
de propuestas inconscientes al otro de escenas donde se juegan “múltiples
papeles” o roles que hacen a situaciones de belleza, repugnancia,
pureza, impureza, suavidad, etc. La comunicación como “expresión” y
definida en términos de “situación” es
un antecedente a su definición de “comunicación
como contexto” del año 1960 (en Técnica de
los Grupos Operativos).
O sea que en el acto comunicativo el sujeto, por intermedio de
una parte de su cuerpo, pone en juego inconscientemente una escena
donde se propone y propone al otro roles que hacen a una situación
y a una cierta modalidad de interacción. Ello tendrá efectos
de determinación de pautas de comunicación que no
son conscientes. De todas maneras, E. Pichón Riviére
no restringe el valor de expresión al cuerpo; en el artículo
anterior las asociaciones libres del paciente también expresan
y aluden a determinadas situaciones. La comunicación para
E. Pichón Riviére no se limita a una intercambio
de información como podría darse con el código
Morse sino que es toda una propuesta “dramática”,
de escenas donde se coloca a sí mismo y al otro en determinados
roles y con determinados argumentos o modalidad de interacción.
En 1955 E. Pichón Riviére escribe el «Comentario
final al libro de Franco Di Segni Hacia la pintura», y es
aquí donde enuncia por primera vez una definición
de lo que él llama comunicación. Dice que “la
interacción se logra por medio de un proceso de comunicación
(un transmisor, un receptor y un mensaje a traducir), que podemos
representar gráficamente como el funcionamiento de una espiral
en continuo movimiento, en la cual situaciones de apertura (progreso,
evolución, enfrentamiento, de nuevas dimensiones) y situaciones
de cierre (coherencia y objetividad, al volver a abrirse) alternan
y se resuelven dialécticamente de una manera continua, pero
que en condiciones anormales se transforma en un círculo
cerrado, vicioso, patológico, que funciona como un sistema
cerrado”. Por un lado lo denomina “proceso de comunicación”,
definiendo así un objeto de conocimiento móvil, aprehensible
sólo como estructura-estructurándose o como Gestalt-gestaltung.
Señala que hay en el acto comunicativo un emisor, un receptor
y un mensaje a traducir.
No es indiferente que utilice el término traducción:
el mensaje no es sólo un intercambio de información,
sino que es una producción como toda traducción.
El receptor produce el mensaje al que le otorga un sentido que
surge de toda la situación comunicacional. Los traductores
saben que si traducen literalmente deforman la significación.
Toda traducción es a la vez una creación. Por eso
los lectores, sobre todo con los poetas, buscan determinadas traducciones
y desechan otras. “What do you mean?” traducido literalmente
(vía diccionario) es “Qué hacer usted significado”,
o como señala el chiste del que aprendió inglés
con el diccionario y al recibir a un inglés en su casa le
dice al abrir la puerta “Between no more”, queriendo
decir “Entre no más”. Jacques Derrida señala
en Carta a un amigo japonés que la traducción conlleva
una deconstrucción: “la cuestión de la deconstrucción
es […] de cabo a rabo la cuestión de la traducción”; “las
cosas cambian de un contexto a otro”; “la misma palabra
está ya vinculada a unas connotaciones, a unas inflexiones,
a unos valores afectivos o patéticos muy diferentes”.
Para J. Derrida la traducción inventa y arrastra la significación
de la palabra “hacia otra parte”. Dice a su amigo japonés: “Lo
mejor para deconstrucción sería que se encontrase
o se inventase en japonés otra palabra (la misma y otra)
para decir la misma cosa (la misma y otra), para hablar de la deconstrucción
y para arrastrarla hacia otra parte, para escribirla y transcribirla”.
O sea que comunicación no es sólo intercambio de
información, es producción y creación sucesiva
de una significación a otra a partir de los elementos de
expresión (propuesta inconsciente de escenas y papeles)
que emite uno y otro y como tal es también posibilidad de
transformación de significaciones (de “arrastrarla
hacia otra parte”).
Surge en este artículo la metáfora de la espiral
que E. Pichón Riviére ya no habrá de abandonar.
Pero tal como lo muestra aquí no se trata de una espiral
armónica, prolija. Hay momentos en que dicha espiral se
abre en una nueva significación, otros en que colisiona
en “enfrentamientos”, otros en que emergen nuevas dimensiones
como si se tratara no de una línea de significación
sino de varias o fuera una suerte de cuerda con trama interna y
no una línea como se la suele graficar. Sería una
cuerda que a veces mostraría una dimensión de su
trama y a veces otra. De todos modos, el sujeto necesita que la
significación tienda a adquirir coherencia de sentido. El
acto comunicativo no es una apertura constante. E. Pichón
Riviére plantea, pensando la clínica, que luego de
la apertura a nuevas significaciones es necesario que el terapeuta
sostenga el hallazgo de una nueva coherencia. No es deseable que
las aperturas no tuvieran direccionalidad (por eso creo que la
metáfora elegida por E. Pichón Riviére es
la espiral dialéctica y no el estallido o el caos). De todos
modos coincidiría con una definición de salud como
la posibilidad de hallar nuevos sentidos a las situaciones vividas.
E. Pichón Riviére escribe «Aplicaciones de
la psicoterapia de grupo» como relato oficial del Primer
Congreso Latinoamericano de Psicoterapia de Grupo de 1957. Allí dice: “Estudiaron
justamente el problema del aislamiento, de la ruptura de la comunicación
dentro del hospital psiquiátrico y de qué manera
un paciente psiquiátrico incluido dentro de ese contexto,
poco a poco, por una falta de contacto humano, rompe la posibilidad
de comunicarse hacia afuera y permanece fijado, detenido definitivamente
en una comunicación interna con un vínculo interno.
Cuando los problemas de aislamiento eran muy agudos, se descubrió siempre
que ese problema no solamente existía en el paciente, sino
en el personal encargado de tratarlo”.
Respecto del vector comunicación plantea aquí que
no habría en sentido estricto comunicación dual.
La comunicación es un contexto (esto lo dirá textualmente
en 1960 en Técnica de los Grupos Operativos). Los sujetos
cuando se comunican participan sin saberlo de un contexto comunicacional
que opera como un sistema complejo, que a la vez posibilita ciertas
dimensiones de intercambio y restringe o clausura estableciendo
unas pautas de interacción y no otras. Ejemplifica esto
con una experiencia en el Hospital Psiquiátrico de Stuart.
En él predominaban pautas de aislamiento y estereotipia
y los sujetos que lo habitaban aparecían como entes solipsistas
que se remitían a sí mismos. A partir de una intervención
en el contexto organizacional, se pudieron introducir pautas de
interacción diferentes (entre personal y pacientes), entendidas
como apertura al intercambio comunicacional: “modificando
ciertos aspectos de la estructura de un hospital y los contactos
entre personal y paciente, resolvieron un quantum muy considerable
del aislamiento de los pacientes”. Es interesante constatar
que una modalidad de intervención en un síntoma organizacional
puede ser intervenir en el contexto y no sobre el síntoma
en forma directa. Se interviene en el dispositivo que genera ese
síntoma.
En 1959 en «Esquema Corporal» explicita su primera
definición de vínculo. Señala que se trata
de una “estructura funcional que incluye al sujeto, el objeto
y una comunicación a doble vía que puede sufrir perturbaciones
que son específicas para cada neurosis, psicosis, caracteropatías,
perversiones y los llamados fenómenos psicosomáticos”.
En este artículo imbrica nuevamente el concepto de vínculo
al de comunicación. Plantea que la comunicación es “a
doble vía”. Existiría, entonces, a nivel comunicacional,
la posibilidad de que múltiples significaciones y múltiples
traducciones del discurso circulen en el vínculo.
En 1960 en «Empleo de Tofranil en psicoterapia individual
y grupal» escribe en relación al Grupo Operativo terapéutico,
en el cual se dá una “coincidencia del proceso de
comunicación, esclarecimiento, aprendizaje y capacitación
centrado en la tarea y el proceso terapéutico. Una espiral
dialéctica señala la dirección de este complejo
proceso”. Es interesante como articula: 1) “comunicación” con “esclarecimiento”,
o sea la posibilidad de echar luz a nuevas significaciones sobre
algún sector de la realidad2. 2) Articula también “comunicación” con “aprendizaje”,
o sea, reestructuraciones de los esquemas referenciales con los
que percibimos, organizamos, valoramos, etc., la realidad, y 3) “comunicación” con
lo operacional (“capacitación”). Esta múltiple
articulación operando como espiral dialéctica abriría
el camino hacia la salud.
Aquí articula el concepto de “comunicación” al
de “aprendizaje”, y éste es definido como cambio
o reestructuración del esquema referencial. Ambos vectores
están presentes cuando señala que la enfermedad tiene “implícita
como causa o consecuencia una perturbación del aprendizaje
y de la comunicación”. Es interesante el concepto
de causalidad que plantea, lo que es causa es consecuencia al mismo
tiempo. La enfermedad produce perturbaciones en los procesos de
aprendizaje y comunicación y éstos a sus vez producen
enfermedad.
Vuelve a tomar a la compleja espiral dinámica de comunicación
y aprendizaje como metáfora privilegiada de una Gestalt-Gestaltung
tendiente hacia la salud.
El acceder a la posición depresiva es lo que permite la
comunicación con el otro. Esto significa el logro de una
alteridad y tolerancia de la diferencia propia y del otro.
La ansiedad persecutoria, la ansiedad elevada ante el cambio establece
un estereotipo en la comunicación. La estereotipia en la
comunicación es, en rigor, una modalidad de interacción
más que un acto comunicativo, es una forma circular y repetitiva
que funciona como un modo o pauta para interactuar con el otro.
Comunicación, en sentido estricto, es cuando el intercambio
de signficaciones abre a nuevas significaciones que enriquecen
o reestructuran el esquema referencial subjetivo. La interacción
estereotipada implica una “perturbación en la comunicación” o
una “comunicación perturbada”. La acción
o la operación comunicativa corresponde a una espiral dialéctica.
El acto comunicativo produce “una nueva red de comunicaciones”,
o sea, una nueva estructura, una nueva Gestalt-Gestaltung que permitirá una
nueva forma de comunicación. E. Pichón Riviére
escribe que el antidepresivo “Tofranil” obra bajando
el monto de agresión, de ansiedad, de ambivalencia y de
culpa. “Se produce la apertura de un círculo vicioso
anterior creándose las condiciones para la emergencia de
una espiral dinámica de aprendizaje y comunicación”,
y más adelante: “Se observa un gran progreso en el
insight y el paciente llega a vivenciar la entrada en una posición
depresiva necesaria a todo tratamiento realmente eficaz”.
En relación al efecto de Tofranil en el Grupo Operativo
familiar escribe: “una nueva red de comunicación se
configura y esto posibilita el cambio y el aprendizaje consecuente”,
y más adelante: “Las técnicas empleadas por
el coordinador o terapeuta del grupo consisten en crear, mantener
y fomentar la comunicación, que va adquiriendo un desarrollo
progresivo en forma de espiral. De esta manera el grupo aprende,
se comunica, opera y se alivia de la ansiedad básica”.
A través del Grupo Operativo la familia puede cambiar su
sistema comunicacional. Esta nueva red de comunicaciones posibilita
la interacción, el intercambio de significaciones y el acceso
a re-significaciones acerca de los hechos y experiencias familiares.
Este proceso de re-significación tiene consecuencias instrumentales,
le permite al grupo operar. Hay una incidencia en términos
de acción transformadora sobre sí mismo y sobre los
otros integrantes de la familia.
En 1960 escribe, en Técnica de los Grupos Operativos (experiencia
Rosario): “El coordinador actuaba como orientador favoreciendo
la comunicación intragrupal y tratando de evitar la discusión
frontal”, o sea que los planteos dilemáticos obstruyen
la comunicación. Deleuze plantea la metáfora de la
abeja y la orquídea como modelos de interacción: “que
vuestros amores sean aún como la abeja y la orquídea”; “no
hay imitación ni parecido sino explosión de dos series
heterogéneas en la línea de fuga compuesta por un
rizoma común que no puede ser atribuido ni sometido a ningún
significante, cualquiera que sea. Remy Chauvin dice muy bien: «Evolución
aparalela de dos seres que no tienen absolutamente nada que ver
el uno con el otro»” (Rizoma de G. Deleuze y F. Guattari.
Pre-textos, 1977). El acento en ellos está puesto en la
diferenciación y en la apropiación aparalela de la
experiencia de interacción. E. Pichón Riviére
señala que en toda interacción cada uno se apropiará de
una significación singular pero es necesario que la confrontación
no sea polar para que constituya una comunicación operativa.
Cuando se dá un planteo dilemático, una discusión
frontal, no hay comunicación. Ello no implica que el acto
comunicativo constituya una totalidad armónica y complementaria,
tal es así que denomina a los Grupos Operativos al mismo
tiempo como “grupos de comunicación, discusión
y tarea”.
En este artículo, donde aborda la problemática grupal
operativa, el tema de la comunicación es central.
Al hablar del coordinador de grupo dice que “su finalidad
es lograr una comunicación dentro del grupo que se mantenga
activa, es decir creadora”. ¿Qué significa
comunicación activa? Que mantenga su circularidad dialéctica.
Cuando habla de comunicación creadora, ¿creadora
de qué? De nuevas significaciones y de nuevas redes o estructuras
de significaciones.
Cuando E. Pichón Riviére emplea en relación
al vector comunicación la metáfora de la espiral
dialéctica, hace coincidir en ella la introducción
de información novedosa (“didáctica”),
la reestructuración o incidencia en el esquema referencial
(“aprendizaje”), y el intercambio de significaciones
y transformación de la realidad interna y externa (“operatividad”).
Dice: “En estas técnicas grupales la función
del coordinador o copensor consiste esencialmente en crear, mantener
o fomentar la comunicación, llegando ésta, a través
de un desarrollo progresivo, a tomar la forma de una espiral, en
la cual coinciden didáctica, aprendizaje, comunicación
y operatividad”.
En este artículo E. Pichón Riviére habla
de una “comunicación operante”. Relaciona el
concepto de comunicación con el de indagación operativa
y acción. Se refiere así al aspecto instrumental
de la comunicación. Cuando ésta incide en el esclarecimiento
de las operaciones que acontecen en el grupo, cuando permite abrir
y ampliar el campo de circulación de significaciones tiene
como objetivo, como direccionalidad, la planificación de
una estrategia de acción y de toma de decisión. Dice: “La
indagación de la acción (action research), verdadera
indagación operativa, toma por tarea el esclarecimiento
de las operaciones que acontecen y tienen vigencia en el ámbito
del grupo. Es así como se logra una comunicación
operante, una planificación y una estrategia que condicionan
tácticas y técnicas de decisión y autorregulación”.
En este artículo distingue el contenido del discurso y
la manera de formular los problemas y ambos corresponden a un campo
de expresión humana. Dice: “El individuo o el grupo
se expresan tanto en la manera de formular sus problemas como en
el contenido mismo del discurso”. Si tenemos en cuenta que
el término “expresión” está íntimamente
enlazado a una concepción dramática y teniendo en
cuenta lo que ya señalara E. Pichón Riviére
en 1948 en «Aspectos psicosomáticos de la dermatología»,
podemos decir que lo corporal, la vestimenta, los movimientos,
los gestos, son propuestas dramáticas de escenas que hacemos
al otro, que implican determinadas posiciones en la red comunicacional
y determinados argumentos que ejercerán incidencia en la
calidad del vínculo que se establezca.
«La comunicación es un contexto». En este artículo
es explícita esta definición: “Podemos decir
que la comunicación es un contexto que incluye un mundo
de señales que todos aquellos que se intercomunican saben
codificar y decodificar de la misma manera”. Como estos procesos
de codificación y decodificación pertenecen a esquemas
referenciales individuales pero como también se va construyendo
un cierto marco referencial grupal, la tensión entre un
sistema de significaciones y otro dá lugar a “situaciones
de entendimiento y malentendimiento”.
La comunicación grupal es posible si se ponen en común
ciertas significaciones de los esquemas referenciales individuales,
de lo contrario el malentendido es una amenaza demasiado frecuente.
Esto es visualizable cuando un grupo recién se inicia (y
que en rigor se trata más de una “serie” que
de un grupo propiamente dicho).
De todas maneras, como los esquemas referenciales son individuales
el malentendido está siempre en el horizonte de la comunicación
humana.
Las situaciones vinculares y grupales son siempre configuraciones
de entendimiento-malentendimiento. Dice E. Pichón Riviére: “Podemos
así también definir el esquema conceptual, referencial
y operativo en términos de comunicación e información,
al señalar que estos procesos de codificación y decodificación
de señales pertenecen a esquemas referenciales individuales
y de los grupos a través de los que se hace posible según
sea el funcionamiento y la estructura de estos esquemas configurar
situaciones de entendimiento y malentendimiento”.
Define aquí además al esquema referencial como ese
sistema de codificación-decodificación. Es una definición
que preanuncia la de ECRO como “aparato para pensar”.
Articula el concepto de comunicación con el de aprendizaje
donde uno se remite al otro. Dice: “En un grupo esta comunicación
tiende naturalmente a tomar el curso de una espiral dialéctica
que coincide o es en todo caso paralela al curso que sigue el aprendizaje.
Ambos procesos tal como resultan de nuestras indagaciones son coexistentes
y cooperantes y la interrelación dinámica permanente
se establece entre ellos desde el comienzo. Ejemplificando podemos
decir que el aprendizaje sigue el riel de la comunicación
y viceversa”. Y más adelante, respecto de los Grupos
Operativos dice: “la actividad está centrada en la
movilización de estructuras estereotipadas, dificultades
de aprendizaje y comunicación, debidas al monto de ansiedad
que despierta todo cambio (ansiedad depresiva por abandono del
vínculo anterior y ansiedad paranoide creada por el vínculo
nuevo y la inseguridad). Estas dos ansiedades son coexistentes
y cooperantes y si son intensas pueden lograr el cierre del sistema
(circuito vicioso)”.
Habría implícita una diferenciación entre
esquemas referenciales permeables a la apertura y esquemas referenciales
rígidos, que operan con tramas de significación estereotipadas
y que frente a situaciones de cambio movilizan montos elevados
de ansiedad que mueven al “cierre del sistema”, a una
dinámica de círculo cerrado o de “circuito
vicioso”.
La interrelación dinámica entre procesos de comunicación
y procesos de aprendizaje se daría por el hecho de que el
intercambio de significaciones propio de todo acto comunicativo
va produciendo cambios estructurales en la “red de comunicación” o
en el esquema referencial, entendido como sistema de codificación-decodificación.
A estos cambios estructurales E.P.R. los denomina aprendizaje.
Se aprende cuando se puede romper un patrón de significación
fija y pueden crearse aperturas a nuevos sentidos de un sector
de lo real, habiendo un esquema referencial flexible o plástico
que respalda y legitima dicho cambio. (Un interrogante interesante
surge aquí y es preguntarse acerca del aprendizaje social.
Cuando se modifican patrones socioculturales de reproducción
social. Movimientos tendientes a modificar esa “urdimbre
de significaciones” (Castoriadis) que dan sentido a nuestra
sociedad. Significaciones que hacen a la ética, al poder,
a la dignidad humana, a lo femenino, lo homosexual, etc., si se
modifican, ¿hablaríamos de aprendizaje social? Aparece
como válido porque habría un cambio en los marcos
referenciales sociales que reproducen cotidianamente el sistema
y su trama de valores y significaciones. E.P.R. habla de “lenguaje
social” cuando la comunicación es capaz de condicionar “relaciones
sociales operantes”, esto es, capaz de un proyecto y acción
común.
Un concepto interesante es el hecho de que E.P.R. señala
que cuando la comunicación, el intercambio de significaciones,
está centrado en una tarea, ello produce una diferenciación
progresiva entre los sujetos que participan en dicho intercambio.
Ello ubica al Grupo Operativo como una técnica opuesta a
todo intento de totalización, o de homogeneización
de los esquemas referenciales de sus integrantes. Dice: “en
todos los grupos se observa una diferenciación progresiva
(heterogeneidad adquirida) en la medida en que aumenta la homogeneidad
en la tarea”. El centramiento en la producción, en
la realización del objetivo común, produce a la vez
un efecto vincular, en la calidad de la trama vincular ya que acentúa
la diferenciación.
Al hablar del propósito general de los Grupos Operativos
puntualiza que se trata de echar luz (“esclarecimiento”)
sobre nuevos sentidos de significantes establecidos, en síntesis
modificar los patrones o modelos de percepción (maneras
de sentir, pensar y hacer) de la realidad, crear un nuevo esquema
referencial. “El propósito general es el esclarecimiento,
en términos de las ansiedades básicas, aprendizaje,
comunicación, esquema referencial, semántica, decisiones,
etc. De esta manera coinciden el aprendizaje, la comunicación,
el esclarecimiento y la resolución de tareas con la curación.
Se ha creado un nuevo esquema referencial”.
Parafraseando a Maturana y Varela podríamos decir que cuando
nos comunicamos traemos un mundo de la mano. Comunicamos contenidos
pero al mismo tiempo expresamos la manera como organizamos el mundo,
transmitimos los pensamientos, afectos y acciones con que operamos
con los otros. Una consecuencia no desdeñable de ser consciente
de este mundo “que traemos de la mano” es que ampliamos
y flexibilizamos nuestra manera de percibir y percibirnos en el
mundo y ello aumenta lo que en nuestra cultura occidental y moderna
se denomina salud. En rigor de verdad el “mundo que traemos
de la mano” no es algo que nos acompaña y camina a
nuestro lado sino que es algo que portamos en nosotros, es una
trama que nos atraviesa, que nos constituye de manera estable.
Son los marcos referenciales personalesque nos permiten esa mínima
coherencia u organización estable necesaria para poder vivir.
En 1962 en su artículo «Terminación del análisis»,
escrito en colaboración con M. Abadi, J. Bleger y E. Rodrigué,
amplía este concepto de salud como posibilidad permanente
o estable de “enriquecimiento del mundo interno, con disminución
del monto de ansiedad y cuando el yo no utiliza sus energías
en paralizar y dominar esos miedos sino que los resuelve en el
manejo de la realidad interna y externa, es decir, cuando se ha
producido una instrumentación de las ansiedades, un manejo
de los miedos con sentido de realidad. Esto implica, como ya lo
sabemos, una rectificación de los procesos masivos de proyección-introyección,
rectificación del aprendizaje y la comunicación,
adquisición de la identidad y la alteridad, utilización
de la identificación proyectica como instrumento de ajuste
de la realidad”.
En 1963 escribe el prólogo al libro de David Liberman La
comunicación en terapéutica psicoanalítica.
En él E.P.R. señala que el Dr. Liberman aporta a
la teoría (norteamericana) de la comunicación, en
particular a la teoría de Reusch, un nivel inconsciente
que permite incluir en la interacción comunicativa las fantasías
inconscientes, las ansiedades básicas y el concepto de tercero
equiparado a la noción de “ruido” de la teoría
de la información. Es interesante consignar que el tercero
escamoteado, negado, etc., de la situación triangular (bicorporal
pero tripersonal) aparece como el “modificador del campo”.
Cuando surgen malentendidos éstos deben ser referidos a
ese tercero. Con respecto al tercero dice: “Los conceptos
de rol, vínculo, tal como lo entendemos -es decir, esa relación
sujeto-objeto a doble vía, interferidos ambos por el tercero,
tan fértil sobre todo en el terreno de la psicología
social- están integrados formando un sistema coherente con
las ideas de M. Klein y S. Isaacs sobre fantasía inconsciente,
ansiedades básicas (paranoides y depresivas), perturbadoras,
al fin de cuentas, de los procesos de comunicación y aprendizaje”.
E. Pichón Riviére señala que D. Liberman
instrumenta la historia para elaborar hipótesis de interpretación
de los pacientes en términos de una “comunicación
perturbadora y deficientemente aprendida”. ¿Por qué no
habla de comunicación perturbada y sí de comunicación
perturbadora? ¿Perturbadora de qué? De la posibilidad
de una interacción dialéctica yo-otro, de un intercambio
de significaciones dadas en una relación de alteridad, de
diferenciación, que permite una apertura a nuevas significaciones.
Una comunicación perturbadora es justamente la que es producto
de la presencia de un “tercero” (escena o relación
inconsciente) que eleva la ansiedad persecutoria frente al otro
y cierra el circuito de intercambio de significaciones por el cual
la interacción con el otro representa siempre el mismo “drama”.
Se trata de una comunicación deficientemente aprendida porque
justamente la lógica de significaciones remite siempre a
un universo cerrado de significaciones.
Con respecto al “tercero” incluye la acepción
de que opera como ruido perturbador de la comunicación.
Dice: “esto permite destacar el ruido (que nosotros relacionamos
con el tercero) que acompaña al intercambio de un mensaje
entre paciente y terapeuta en la reunión analítica
y que puede manifestarse como sincrónico o asincrónico,
según sea el momento del proceso comunicativo que se opera
en la relación transferencial-contratransferencial”.
En 1964 en «La noción de tarea en psiquiatría» (artículo
escrito con la colaboración de Armando Bauleo) articula
el concepto de comunicación al de tarea, articulación
altamente instrumental ya que las perturbaciones en el proceso
comunicacional o la falta de circularidad en la red de comunicación
indica al Operador psicosocial que al mismo tiempo se ha perdido
el “momento de la tarea”, o sea, la posibilidad del “abordaje
y elaboración de ansiedades y la emergencia de una posición
depresiva básica, en la que el objeto de conocimiento se
hace penetrable”.
Vuelve a surgir en la obra de E. Pichón Riviére
la articulación entre el concepto de comunicación
y el de posición depresiva y por lo tanto la posibilidad
de un cierto nivel no excesivo de ansiedad, de una posibilidad
de alteridad y diferencia entre los sujetos que interactúan,
que impide una identificación proyectiva masiva y que posibilita
la penetración del objeto de conocimiento y la comunicación
con el otro en términos de apertura y ampliación
de la circulación significante, ya que se han roto los esquemas
repetitivos y cerrados. Dice: “El momento de la tarea consiste
en el abordaje de una posición depresiva básica,
en la que el objeto de conocimiento se hace penetrable por la ruptura
de una pauta disociativa y estereotipada, que ha funcionado como
factor de estancamiento en el aprendizaje de la realidad y de deterioro
en la red de comunicación”.
Surge como importante a nivel técnico el mantener el sentimiento
de seguridad del paciente y cierta certidumbre. ¿De qué?
De que mantendrá ciertos parámetros como referentes
de aquello que ha construido como identidad.
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NOTAS
1 El subrayado es mío.
2 Comunicación: deriva del latín “communicare” que
significa compartir. El mismo origen etimológico con comulgar,
comunión, comuna. (Diccionario Crítico Etimológico
de J. Corominas. Ed. Gredos).
3 A partir de la importancia que el lenguaje ha tenido en Ciencias
Sociales se adjudica al lenguaje la facultad de producir y de iluminar
la realidad en el sentido de que permite percibirla. Lo real se
asocia a lo oscuro, a aquello que no tiene representación
en sí mismo. Es sólo por el lenguaje que podemos
producir un universo simbólico y transmitir este mundo humano
complejo en el que vivimos.
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